A las 11 AM de hoy sábado 20, en la Plaza Los Héroes, estaba convocada la “Marcha Nacional por la liberación de todos los Presos Políticos Mapuche”. Cuando llegamos habrían unas 200 personas, más 6 bestias de verde. El 10% aproximadamente de los convocados portaba cámaras de video o fotográficas. Es sano pensar que todos ellos tenían puestos su corazón y convicciones en esta presencia, sin embargo nos preguntamos ¿cuántos de ellos sólo están inspirados en su práctica periodística, en la reproducción de un ideario y de una estructura servil al sistema? En fin, también allí había amigos y el infaltable Jorge Zúñiga.
Los Dirigentes de la Agrupación de Familiares y Amigos de los PP.PP. Mapuches conversan con los pacos, pues la Intendencia ha prohibido esta marcha y no quiere, de ninguna forma que se llegue a La Moneda - dentro del contexto de desintegración de los movimientos sociales que se ha propuesto el gobierno de la Bachelet-. Los pacos sólo permitirán que se marche hasta Amunátegui y de ahí a la Plaza de Armas y que, si queremos, hagamos en ese lugar un acto. La negociación dura 40 minutos mientras, nuestros hermanos mapuches realizan un ritual arrodillados en rogativa, el sonido potente del kultrún y la trutruka, ramas de canelo y el baile melancólico de sus mujeres.
Los medios oficiales pasan piola con sus reporteros morenos y vestidos a tono: TVN, el Mega y el 13. Sin embargo, ojos ágiles cazan al periodista del 13 y lo zangolotean de nervios con un divertido petardo. Simbólico recibimiento para quienes terminan entregando su trabajo a los pacos para la persecución irracional de los manifestantes.
A las 11:30 AM ya se han congregado unas 500 personas. Los dirigentes nos explican que, pensando en nuestra seguridad, seguiremos la instrucción de los pacos, pues si se cruza la Alameda o se sobrepasa Amunátegui, éstos están autorizados para comenzar la represión y, ya sabemos que la violencia está protegida por un Estado que necesita el ceremonial del diálogo y de los consensos, comandados por una mayoría enajenada en el consumo, el ideal mercantil y la promesa del bienestar ciego, sordo y mudo.
La Marcha quiere apoyar el reinicio de la huelga de hambre de Patricio y José Marileo, Juan Huenulao y Patricia Troncoso, que hoy cumple 67 días. El Estado promete y no cumple, por lo que las exigencias son categóricas: Libertad inmediata a todos los PP.PP. Mapuche (500 personas condenadas en juicios manipulados, con testigos pagados y a rostro cubierto) y la anulación de la Ley Antiterrorista.
La marcha se inicia por el bandejón central de la Alameda. Los fotógrafos han aumentado proporcionales a la cantidad de presentes. Los pacos nos custodian a pie, por ambos lados de la marcha. En Alameda con Amunátegui se detiene el tráfico un par de minutos y los verdes acorazados se nos acercan más y más, recordándonos el autoritario trayecto. Somos corderos en nuestra propia ciudad, individuos violados por arbitraria interpretación de la ‘seguridad ciudadana’.
Los gritos van en aumento: “Alex Lemún/ tu muerte no fue en vano/ en todo el territorio/ se alzan tus hermanos.”, “No queremos/ no se necesita/ la ley antiterrorista” o “Liberar/ liberar/ al mapuche por luchar”.
Los pacos nos tienen rodeados, si alguien pretende doblar de Amunátegui hacia Teatinos, sería irremediablemente apresado. En cada calle una micro o un zorrillo escondiendo a los pacos de las Fuerzas ‘Demenciales’.
Sin titubear, en cada esquina las chuecas se agitan y se exige la ‘Reconstrucción y liberación del pueblo mapuche’. Globos negros se elevan en un juego rebelde. Las murallas estrechan tanta energía. Los medios oficiales delante; los pacos detrás. Un grupo de mochilas negras con la figura de un encapuchado y la consigna “Esta paz huele mal”, qué cierto.
En Ahumada con Huérfanos nos volvemos a detener por unos cuantos minutos, chuecas al aire, baile, el grito del kultrún y las voces destempladas y cansadas convocando solidaridad. La cuna del mercadeo sólo es un monstruo con cien rostros, sin embargo, la marcha ha crecido. Unas 600 personas llegamos a la Plaza de Armas.
En este lugar, símbolo irónico de muerte y de esclavitud, con la Catedral como marco indolente, se llama a seguir movilizados y pendientes de la vida de nuestros hermanos en huelga de hambre.
Es así como nos vamos con frío, con la sensación extraña de no saber qué sucedió, cuándo se acabó, cansados de mirarnos unos a otros sin decir ni gritar más. Por eso, es necesario comprender que estamos en un camino sin retorno, en plena catástrofe, bajo el fuego de incredulidad e indiferencia a que nos somete este dibujo de Estado que se consolida en el indiferente panorama mundial…
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