Por llegar tarde nos encontramos con una manifestación dispersa. Los cabros no pudieron encontrarse a las 9 en Plaza Italia. Los pacos de las Fuerzas Especiales y el guanaco habían actuado con “cuática” para despejar esas intenciones. En pequeños grupos caminaban por la Alameda tratando de saber dónde se reorganizarían. El peso de la historia los convoca a la Plaza Almagro, pero “pasando por la moneda porque los universitarios van a entregar una carta”, después ojalá llegar a la USACH. La movilización no fue autorizada por la Intendencia, pero “hay que puro juntarse, igual somos hartos”. Las esquinas parapetadas con pacos que paran a los estudiantes y les revisan sus mochilas “por ser estudiantes no más”. ¿Será que la sospecha se confunde con unos pircing, expansiones, el pelo cortado en desorden o con una sencilla corbata liceana?


Seguimos a unos cuantos estudiantes hacia el Paseo de la Desgracia (Bulnes), mientras hasta los pacos del Tránsito o los Guardaestatuas los arrean o empujan para que salgan de la Alameda. En Bulnes con Tarapacá aparece una micro repleta de Fuerzas Especiales y, a causa de nada, obedecen la orden de “Agarren a los que puedan”. Estudiantes transeúntes, estudiantes que conversan, niños y niñas son perseguidos y detenidos. Miedo, carreras locas, muchos jóvenes (tal vez universitarios) encima de los pacos con sus cámaras fotográficas o celulares para hacer impresión y evitar los golpes que vimos eran propinados. Cuerpos pequeños violentados por inmensos y entrenados cuerpos de pacos: “(…) Me da vergüenza verlos a ustedes, tremendos hombres, deteniendo a estos niñitos. Me da vergüenza ser chileno, ¿ustedes son chilenos?”, increpa furioso un caballero mientras el Teniente Coronel G. Seitz permanece impertérrito y los jóvenes siguen siendo subidos a la micro.
Nosotros continuamos con los estudiantes que, poco a poco, comienzan a llegar a la Plaza Almagro. A las 11:30 un grupo de aproximadamente 60 jóvenes comienza a marchar alegremente a la sede de Servicio Social de la UTEM que está en toma. Dos muchachos gritan "llegaron los flaytes, los infiltrados" y son recibidos con tallas y risas. El mismo grupo de pacos los intercepta y mientras algunos se agrupan para entrar a esta facultad, otros son detenidos, empujados y mantenidos con el rostro pegado a la pared por varios minutos. Una lacrimógena es lanzada al interior de la Universidad. Otro joven es golpeado groseramente.
No es necesario retratar el final de esta batalla, los dañados son siempre los mismos. Por eso da bronca escuchar en televisión al Intendente de Santiago, Víctor Barrueto, señalar: “(…) cuando vemos encapuchados por todas partes, (…) estamos hablando de cosas totalmente distintas a las demandas de los estudiantes secundarios”, y en su rostro se dibuja la sobriedad y fortaleza de quién no estuvo allí, de quién ni vio encapuchados ni leyó los rayados en que universitarios y secundarios plantean su posición ideológica ni conversó con los chiquillos de La Victoria o Pudahuel o vio a las niñas asustadísimas llevadas en andas violentamente por las fuerzas armadas que mantienen en Estado de Sitio nuestra ya reseca ciudad.



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