Los estudiantes de La Pincoya se levantaron pensando en reuniones. El colegio Santa Teresa y el liceo Abelardo Núñez se encuentran desde el viernes EN TOMA y ahora se pliega el Liceo Municipal que lleva el nombre de la puta momia, del paradigmático conservador, fiel representante de la disciplina que aún gobierna a este pueblo: diego portales. Los chiquillos sacan sus sillas piolita, no son muchos, pero tienen energía y una larga noche por delante. Los cigarros vuelan renunciables a las rejas- cuartel de estos niñxs grandes, que no dormirán tapaditos ni toda la noche porque se vienen los turnos y las comisiones, la lucidez y el trabajo, y en eso hay ya un gran combate.
En la mañana de hoy captamos la buena onda de los cabros cuando se enteran de que andamos grabando para nosotrxs mismos y de que no somos medios oficiales. La escuela municipal básica E 128 se une a través de un paro general y de una protesta en la vereda del séptimo y octavo años, niños y niñas alborozados, con las caras repletas de risa, orgullosos de verse valientes, recibiendo los bocinazos aprobatorios. Juan Alvarado representa a los apoderados y en asamblea ‘flash’ decidieron apoyar la paralización.
A La Pincoya le cuesta mantenerse en contacto con el cuartel general (Liceo de Aplicaciones). Sólo una dirigente del Abelardo tiene unos pocos minutos de celular y en el diego portales nos piden que le avisemos al santa teresa pa’ que llamen. Y, aunque están claros de que en la Pincoya u otras poblaciones de esta región o de otras, llueve más fuerte, se siente distinto y la exigencia es necesidad; no soportan estar tan lejos de la carrera loca de la institucionalidad y los empresarios, ser tan pobres y ellos tan ricos, estudiar hasta que se pueda y ellos llenarse de títulos, asesorías, cargos, dinero, propiedades… en fin.

Nos fuimos a Cumming y la cantidad de estudiantes que había extendiendo sus lienzos más los que llegábamos, se convirtió en inagotable turba cuando los pacos empiezan, rápido y sorpresivamente, el ataque con guanaco y lacrimógenas. Primer desconcierto, pero todos sabemos cómo son los pacos, sabemos que golpean y los acusamos, incluso algunos medios los filman, pero no hay justicia que sancione tantos golpes, si no estarían todos dados de baja, ya que a la violencia se dedican y en eso se perfeccionan los obedientes cabrones.

Una y otra vez el intento de marcha pacífica se disuelve por la fuerza desquiciada de los pacos; una y otra vez, entregados o en resistencia, se reorganizan los estudiantes. Dos o tres banderas por la liberación de los presos políticos mapuche acompañan los encuentros. Los pacos toman por sorpresa a quien se les ocurra, ellos mandan, si se pican aprovechan de pegar patadas y palos; si quieren acción, toman más y más detenidos ocasionales, sólo los blindados actúan de frente. Una niña exclama enojada “No les crea nunca a los pacos, profe”. Los encapuchados cubren su rostro, pero luchan con el cuerpo desarmado, no es posible más ironía. Bella lucha que dura varias horas, todo el día:



La USACH cobija a los frustrados manifestantes y ahí llegan los pacos a destrozar los momentos de convivencia estudiantil, por eso surgen las piedras que protegen a muchos estudiantes, a muchos que se guarecen en esta casa de estudios. La prensa oficial manda maquillados despachos en directo, a una distancia prudente, no vayan a ensuciar sus zalamerías con posición definida; total, no se casan con nadie, sólo desinforman a los más incautos. Los pacos reprimen a diestra y siniestra: si hay grupos los desarman a chorro de agua; si se separan mucho, fuerzas especiales ataca; si están muy lejos organizándose, lacrimógenas; si están muy cerca -mirando o cubriendo- les lanzan polvo maldito en la ropa, en la cara, a los pies; y, para rematar, cámaras de video en manos de fuerzas especiales. Con esas armas podemos hablar perfectamente de violentistas a su puta constitución y abuso de poder. Sin embargo, para relajarnos el semblante apretado por el miedo y la impotencia, una muestra de heroísmo contextual: un solo joven contra el chorro abusivo del guanaco intenta cerrar las puertas de la universidad, un perro acompaña el gesto exponiéndose y resulta muy herido, como confirmamos después. Seguramente el muchacho quedó con lesiones, pero cumplió su objetivo.



En la tarde se traslada la persecución y el enfrentamiento al otro lado de la Alameda, siendo epicentro obligado y sede de refugio para los manifestantes, la casa central de la chile. Todavía hay gran cantidad de estudiantes secundarios y universitarios, profesores y niños de séptimo u octavo básico. Se han incluido más zorrillos y motociclistas a las ‘Fuerzas de Seguridad y Orden’. La prensa aficionada y/o local persiste en el lugar, pues sus fotos y grabaciones se transforman en la única herramienta que denuncie el descontrol policial y sirva de seguro a los que se manifiestan –aunque en el oficialismo suceda justamente al revés-. Algunos fotógrafos y periodistas son pateados, pues buscan identificar a los pacos que ni siquiera portan placas. La manifestación es una lucha, porque no se respetó la expresión pacífica ni las manos levantadas; pese a todo, varios aprovechan la convocatoria gubernamental por la cara descubierta, y se enfrentan con elegante fiereza a los acorazados vehículos de los pacos. Parabrisas reventados, guanacos perdiendo agua, desabastecimiento de lacrimógenas, millares de piedras al vuelo, el glorioso clamor “les ganamos a los pacos”, aplausos de los espectadores, no conmueven el agotado sueño de un joven indigente en pleno bandejón central de la Alameda, en medio de fuegos cruzados, a metros de la moneda. Imagen con potente significación.


Así y todo, los pacos vengan su ‘ineficacia’ tomando detenidos a los transeúntes y llegan a arrancar del ministerio de defensa a un vendedor ambulante que, sin arte ni parte, es arrastrado del pelo y golpeado. Las pifias y los ‘hijos de puta’ lanzados por los trabajadores del lugar no sirven para calmar a las bestias. La historieta del súper Cifuentes, que aparecía en La Bicicleta se nos viene a la mente, ahí el súper Cifuentes era llevado en cana siempre y como fuera. Una voz más potente sobresale: “Así como nos mojan, continuaremos reproduciéndonos”, hecho confirmado por la edad de los manifestantes, hasta pequeños enfundados en sus poleras enfrentan la carrocería policial, bravura de los hijos de esta ‘democracia concertada’.

La resistencia dura hasta las siete de la tarde. La noche cae y es arriesgado continuar cuando la energía debe enfocarse para el nuevo día que se avecina. A nosotros nos queda la reflexión de vuelta a casa. Las micros van llenas, así es que conversamos en el trayecto a Mapocho.
Pareciera que pese a la unidad y organización del movimiento de estudiantes secundarios, hay una diferenciación en los conceptos de base. Mientras algunos presionan con diversas estrategias para ser oídos por el gobierno y poder negociar la derogación de la LOCE, que es una más de las amarras constitucionales de un capitalismo que aceptaron los militares para tener una tajada en la gran Reconciliación Nacional; otros, optan por la exigencia, por la derogación de un sistema político capitalista que abandona en pos de intereses económicos, temas como la educación y la salud, este sector reconoce en la concertación la herencia de las tácticas de la dictadura para triunfar de la simpatía mundial (además de la tajada de Paz Social) y acallar los conflictos sociales y populares que empañan su ‘brillante gobierno de $hile’. De todas formas, rebelarse absolutamente a la autoridad y resistir a la represión, es una bella forma de perseverar sosteniendo la utopía de la Revolución. Ya se convirtieron los hechos narrados en hitos históricos, pues la convocatoria en regiones y en la capital supera con creces otras manifestaciones populares realizadas en décadas pasadas y ha sido en los liceos y en las calles, que de forma transversal a las ideologías, crece el descontento y la organización.
Si la UDI o la concertación se enorgullecen de verse enfrentados a los líderes políticos del futuro, nosotros nos sentimos conmovidos con pequeñas señales de sublevación sistémica, con la belleza de combatir la represión, con la fuerza y decisión de quienes a cara descubierta o con el rostro encapuchado, intentan echar abajo los monumentos del neoliberalismo.



































